Por: Jorge Barraza
Periodista y columnista argentino – Especial para FÚTBOL TOTAL

Cinco partidos, dos triunfos, tres empates, 10 goles a favor y 5 en contra. Invicto y con la flecha de la parábola de rendimiento apuntando bien arriba. Y podríamos agregar que los 9 puntos con que se reacomodó de nuevo Colombia en la tabla fueron logrados en tres fechas de visitante y dos de local. ¿Qué decían de Rueda, muchachos…?

Y no siempre lo numérico es lo más importante, aunque una Eliminatoria es esencialmente aritmé­tica: el técnico caleño asumió el cargo y de inme­diato paró las derrotas, las goleadas en contra, el desánimo. Rearmó el equipo, lo ordenó de atrás ha­cia adelante, le dio seguridad defensiva (fundamen­tal para recuperar la verticalidad) y se retomó la fe. Hay un mañana. Frente a Chile ya los jugadores se soltaron y se veían confiadísimos. Se empezaron a ver cosas lindas, apareció el atrevimiento que da la tranquilidad, y el primer tiempo ante los de Lasarte se inscribe entre las mejores pro­ducciones futbolísticas de Colombia en los últimos años. Un punto alto: la velocidad de desplazamientos del equipo amarillo. Rápido y furioso en ataque. Muy bien.

Fue la tormenta perfecta, desbor­dó a la Roja por aire, mar y tierra. Que los primeros cuarenta y cinco minutos termi­naran 2 a 0 es anecdótico, pudieron ser dos o tres más. Se pareció mucho Colom­bia a un auto de lujo en esos cuarenta y cinco: veloz y suntuoso… Ya sus hinchas deben querer que llegue la triple jornada de octubre.

¡Cómo se equivocó Chile al dejar ir a Reinaldo Rueda…! O peor que eso, al abrirle la puerta. Pasa que Rueda no vende cadenitas ni espejitos, no es popular, le desconfían. Quieren pa­pelitos, declaraciones altisonantes, cosas raras. Colombia está de pie, va bien, pasó de repartir amargura a despertar sonrisas, ilusión. Si el fútbol tiene veinte centavos de lógica, debe llegar al Mundial.

Vayamos al análisis de las demás selecciones. Brasil es un ca­mión lanzado a ciento treinta por en medio de la autopista: imparable. Veinticuatro puntos de veinticuatro. Puntaje perfecto aún sin el lote de jugadores que le negaron de Inglaterra. Está en otra categoría en se­rio. Y de haberse jugado el clásico con Argentina, y ganado, clasificaba jugando una sola rueda, porque hubiera llegado a 27, cifra con la cual hay un cupo asegurado. Aunque era favorito de antemano, no deja de ser increíble. Lo ponderable de Tite y su tropa: no aflojan pese a tanta holgura, asumen cada compromiso con máxima seriedad y vocación de triunfo. Eso es respetar la competi­ción, a sus rivales y a sí mismos. Podría disputar la segunda rueda directamente en Catar, así se va aclimatando.

Lástima la mancha del choque frente a Argentina: que un particular ar­mado entre en un campo de juego mien­tras se disputa un encuentro de elimi­natoria mundialista y empiece a arrear jugadores rivales generando la suspen­sión no se vio nunca, ni en la selva. Eso pasó en San Pablo. Y el que arreaba era brasileño.

¡Menos mal que el defensa venezolano Adrián Martínez no lo quebró a Messi…! Le tiró una patada terrible, pero no lo lesionó de milagro. Si no, nos perdíamos el festival que dio frente a Bolivia. Sus tres golazos, los dos récords que él sí quebró: el de Pelé en goles para selecciones (77 O Rei, ahora 79 Leo), y el de ser el máximo goleador histórico de las Eliminatorias Sudamericanas con 27, seguido por Luis Suárez con 25. No obstante, las marcas de Messi en la red tienen valor triple por la belleza de sus conversiones y porque es el único rompe­rredes que no es delantero neto. Pelé sí lo era, Suárez igual. Leo arran­ca cada vez más atrás, es definitivamente armador y asistidor.

En la vuelta del público al estadio Monumental para ver a la selección albiceleste, la AFA había organizado un festejo para cele­brar con la gente la obtención de la Copa América. Pero la fiesta la hizo Messi solo: 3 a 0 con tres impactos suyos. Un fenómeno con un gen competitivo colosal. Llegaba sin ritmo, en 60 días apenas ha­bía disputado 25 minutos en el PSG y 90 ante Venezuela, pero lució soberbio y en quince o veinte días debería volar de nuevo sobre el césped. ¿Qué decían de Messi, muchachos…?

Argentina todavía debe algunas materias, pero empieza a en­tenderlas. Ganó invicta la Copa América, marcha inmaculada en el premundial, suma un poquito de confianza y de juego en cada pre­sentación. Está muy sólida atrás y aprendió a presionar, recupera rápido el balón y cada vez más arriba, por eso llega pronto al área adversaria: está cerca. Y ahí empieza a rondar el gol. La moral del plantel tras la coronación en el Maracaná está en la estratósfera y en fútbol el optimismo es el jugador número doce. Lionel Scaloni ha hecho un trabajo silencioso, sutil, produjo el recambio tan reclamado, ha conformado un grupo de treinta elementos en el que todos pueden entrar, jugar y no desentonar, ha logrado la ansiada armonía y le ha devuelto la fe al país futbolero, o sea a los 45 millones de argentinos. Apostamos nuestra casa contra nada: clasifica.

Uruguay cosechó 7 puntos de 9 en la triple fecha de septiem­bre y desplazó del tercer lugar a Ecuador, que sumó 4 y perdió jus­tamente frente a los Celestes en un choque (nunca tan apropiado el término) en el que los de Tabárez repartieron leña como para tres inviernos. El impresentable juez brasileño Anderson Daronco no se atrevió (o no quiso) expulsar a Bentancur y a Nández por entradas violentísimas; luego Uruguay ganó en el minuto 92 gracias a un mag­nífico desborde de Nández por derecha. Tampoco le dio un penal a Ecuador. Cosas que suceden a menudo en nuestra apasionante Eli­minatoria. Los que quedaron ciertamente desacomodados en esta tripleta de juegos fueron Suárez y Cavani. No estuvieron y el equipo pareció no sentirlo. Creció sin ellos. Que entre los dos delanteros ti­tulares sumen 70 años es un dato inquietante. Y los jóvenes vienen empujando. Pero Tabárez sabe manejar la baraja, empezará a mechar con mano de seda. Un pálpito: Uruguay cerrando la primera rueda con 15 puntos no se queda sin Mundial.

Ecuador quedó en llamas, se sintió robado en Montevideo y bajó al cuarto puesto, compartiendo los mismos puntos que Colom­bia: 13. Empezó ganándole a Paraguay en casa, se desinfló ante Chile también en Quito (0-0) y pinchó neumáticos con Uruguay. Pero en ninguno jugó bien y el técnico Alfaro, de ser un posible héroe nacional pasó a ser discutido y criticado por sus muchas alineaciones diferen­tes, sus planteos defensivos y sus excusas. Aún está en zona noble y debe jugar dos veces frente a Venezuela. Habrá que ver cómo reacciona.

Luego están los sin techo. La intemperie de la tabla, de momento, es para Paraguay (11), Perú (8), Chile (7), Bolivia (6) y Venezuela (4). La Eliminatoria se mueve habitualmente por estados de ánimo. Cuando la bocha viene torcida cuesta enderezarla. Se empieza a esgrimir la famosa frase “matemáticamente tenemos chance”. Pero la realidad del juego y de los jugadores la contradice. Paraguay está visualmente muy cerca de Colombia, futbolísticamente no tanto. Y deben medirse en Barranquilla. En Chile ya se ven fuera del Mundial, y en Perú se ha marchitado la flor de la esperanza. Octubre dirá…

 

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