EDITORIAL Don Miguel Ángel

Por Andrés Magri

Russo dijo adiós a Millonarios. Y desde esta tribuna coincidimos en que fue la decisión más sensata. Aunque algún sector de la hinchada esperaba que el argentino continuara en su cargo y se mantuviera el proyecto iniciado en 2017, los resultados no avalaban su permanencia de ninguna manera.

Hay que separar las cosas a la hora de hacer el análisis de “la era Russo” en el cuadro azul. De un lado lo cualitativo y lo emotivo: con Miguel sentado en el banquillo Millonarios adquirió personalidad para jugar finales y ganó dos. Muy ruidosas ambas. La Liga, ante Santa Fe y la Superliga contra Nacional en el Atanasio. Son dos títulos con los que la afición embajadora deliró de la dicha (sus dos máximos rivales, en feudo ajeno, en la cara de sus hinchas rivales).

Russo entra derechito en la galería de los entrenadores más importantes del club en toda su historia. Fue el que más ganó en los últimos 30 años. Y paralelamente vivió sus propias finales en el ámbito personal. Un cáncer primero, una bacteria que casi se lo lleva, después. También las ganó ambas y como pocas veces había pasado en Millonarios, directivos, jugadores e hinchas comulgaron en la misma mesa, unidos a una sola voz por la recuperación de su líder. Se convirtió en una suerte de caudillo. Bajo el emblema “Con amor todo se cura”, el club se dignificó a sí mismo y respaldó a su entrenador. “En los momentos más difíciles de mi vida Millonarios estuvo ahí, conmigo, y eso es algo que no tiene precio” dijo con la voz entrecortada durante la rueda de prensa en la que se oficializó su desvinculación. Fue una salida cálida y poco convencional. Se despidió en un clásico contra Santa Fe, recibiendo el cariño y la gratitud de quienes reconocen lo que logró. ¡Como correspondía!

La otra cara de la moneda es lo cuantitativo. Los fríos números: resultados, rendimiento y objetivos. Ahí no se miden las ganas, ni el amor. Si el 2017 de Russo fue muy bueno, el 2018 acabó siendo terriblemente malo. En una liga tan benévola como la colombiana, en donde un equipo puede ser campeón pese a tener una mediocre fase todos contra todos, los embajadores no pudieron clasificar en ninguno de los dos torneos, en la Reclasificación quedaron de mitad de tabla para abajo, eliminados de Libertadores, de Sudamericana, de Copa Colombia y sin clasificación a copas continentales. Para volver a ver a Millos en Libertadores o Suramericana, habrá que esperar mínimo, hasta 2020. Y ese es un golpe durísimo a las finanzas del club. Para los equipos colombianos la plata está en lograr cupo a torneos internacionales.

Russo falló. En sus esquemas, en sus cambios, en la planeación. No tenía la mejor nómina del país, pero mejor que la del Bucaramanga, Once Caldas o Equidad sí era. Ellos disputan playoffs. Millonarios ya está en vacaciones y un equipo tan grande como el azul no puede permitirse un FRACASO de semejante tamaño, sin que haya consecuencias. Russo era el doliente de esta deplorable campaña y por eso su salida, además de estar justificada, es sensata. Eso sí, se lleva el respeto y cariño de toda la hinchada, pues ante todo fue un profesional y un señor a carta cabal.