EDITORIAL: El 2018

El fútbol es como la vida misma: está lleno de risas y llantos, de momentos eufóricos y profundas decepciones, de sorpresas, de novedades, de expectativas… A nivel futbolístico el 2018 que ya termina tuvo de todo.

Fue el año de Francia, campeón del mundo con un equipo pragmático y efectivo. De antemano se advertía que contaban con una camada de jugadores excepcionales y muy cotizados (de hecho llegaron a la Copa siendo la plantilla más costosa de las 32). Se dudaba de si tendrían la jerarquía de responder en momentos cumbre, peo lo hicieron. No arrugaron contra Argentina, ni contra Uruguay, eliminaron al equipo que mejor fútbol jugó (Bélgica) y golearon en la final a Croacia, anteponiendo el fútbol colectivo a las individualidades.

Y fue también el año de Rusia, que se exhibió ante el mundo imponente, organizada, prolija, segura y deslumbrante. Todo funcionó: aeropuertos, estaciones de tren, transporte público, los estadios de primer nivel, la logística, todo. Muchos mitos, alimentados en su mayoría por Hollywood, cayeron.

Fue 2018 el año del VAR y quedará para los libros de historia como el periodo de tiempo en que la tecnología finalmente fue acogida y aceptada por todos. Llegó para quedarse. Hace honor a la justicia y hasta los más exceptivos, críticos y conservadores han tenido que ir dando su brazo a torcer. No desnaturaliza el juego, lo dignifica. No le quita velocidad, lo hace aún más cinematográfico. Esos segundos o ese minuto que a lo sumo tardan en decidir si fue gol o no, si es penal o no, son vértigo puro. Ni Alfred Hitchcock se animó a crear tanto suspenso, en tan poco tiempo.

Por eso llegó el VAR a la Libertadores, y a la Sudamericana, y entrará a la Champions en dos meses, y se reclama para el fútbol colombiano.

2018 será recordado como el año de Modric. El futbolista que obtuvo el premio al mejor jugador del mundo, sin ser el mejor del mundo y aún así, lo ganó de manera justa. Toda una paradoja. Una contradicción válida. Luka es un crack. Sin él, Real Madrid no ganaba la Champions y Croacia ni se asomaba en los cuartos de final del Mundial. Fue estandarte y cerebro de ambas gestas. Ahora, está claro que Messi y Cristiano siguen estando varios peldaños por encima. Esos dos ‘metahumanos’ son inalcanzables.

Fue el año en que Alemania se desnudó ante el mundo. La siempre poderosa Alemania, esa que ganaba jugando bien o mal, a la que todos le temían con sólo ver su escudo al frente, se devolvió a casa en primera ronda del Mundial, apaleada por México y Corea del Sur y luego se fue a la B, en la naciente UEFA Nations League. Ya nadie gana de camiseta.

2018: el año de la final más larga del mundo. La más ansiada, la más esperada, la que terminó en papelón, jugándose a 10 mil kilómetros de su lugar de origen. River-Boca, el sueño de todos los hinchas del fútbol, que se desdibujó por culpa de los imbéciles de siempre que rodean la pelota y la manchan con su idiotez.

El año del Tolima y su Maracanazo criollo. Un ejemplo vívido de que nada en este mundo es imposible. Una remontada épica ante 42 mil hinchas verdes que se quedaron con la celebración armada. El año de Gamero, por supuesto, y también del Junior que volvió a meter a Colombia en una final continental.

Se quedan cientos de cosas para recordar. El adiós al mejor seleccionador de Colombia en su historia, don José Pékerman, el primer título internacional de las MUJERES (para que nadie se ofenda) pertenecientes al Atlético Huila en el marco de la Libertadores femenina, el final de la era Cristiano Ronaldo en el Real Madrid y su salida por la puerta grande luego de ganar cuatro Champions en los últimos cinco años y un sinnúmero más de anécdotas que en resumen han hecho de este 2018 un año emotivo y espectacular.

¡Es que con fútbol, la vida es más feliz!