EL CREMATORIO

TARJETA ROJA

POR IVÁN MEJÍA ÁLVAREZ

 

Extraña vida la de los técnicos de fútbol. Se necesita tener un poco de loco y mucho más de masoquista  para escoger esa profesión donde generalmente se termina incendiado. Hoy eres, como dicen en Argentina, un Gardel y mañana te quieren llevar preso a Villa Devoto, la cárcel de Buenos Aires.

José Mourinho se proclama a sí mismo, dentro de su inmenso ego, arrogancia y prepotencia, como ‘Special One’, y así ha vendido su imagen tras conquistar la Champions con Porto y el Inter de Milán. No pudo ser campeón de Europa con el Chelsea y tampoco lo consiguió con el Real Madrid pero ganó varios títulos en esas escuadras. Un triunfador, sin duda, aunque algunos no lo ven tan genial, fantástico, súper táctico, como sus amiguetes de los medios lo pregonan.

Mourinho salió mal del Real Madrid, a trompadas con sus jugadores, para confirmar que es un técnico de dos años por club, que su ritmo de trabajo, intensidad, solo aguantan dos temporadas y que a la tercera revienta el plantel. Y volvió al Chelsea de donde había salido en problemas con Abramovich quien lo perdonó y le volvió a pagar un dineral. Es el técnico mejor cotizado del mundo, para ganar la Premier y fracasar dos años consecutivos en Europa.

Hoy Mourinho es un renegado dentro del Chelsea. Las salidas de tono en sus declaraciones, la pelea pública con la médica Eva Carneiro, la mala relación con los “capos” de la escuadra, confirman que a Mourinho le dura dos años la gasolina antes que se agarre con todo el mundo. Su equipo juega muy mal y son los mismos futbolistas que hace seis meses ganaron galopando la Liga inglesa. Esos que ayer le adoraban, algunos ya no lo pueden ni ver.

Carlo Ancelotti consiguió ganar para el Real Madrid la décima Champions, esa esquiva y anhelada estrella que ‘Mou’ y otros técnicos como Capello, Queiroz y Pellegrini, no habían podido conquistar. Al año siguiente, con Champions encima, el Faraón Florentino lo echó a la calle porque era muy amigo de los jugadores y en el Real Madrid solo debe prevalecer la voz del amo de la construcción.

Son muchos, muchísimos los casos de técnicos ganadores que en el transcurso de meses pasan de ser los héroes y salvadores para convertirse en un problema. La fama no perdura, el partido a partido termina atomizando los niveles de reconocimiento y por eso los técnicos, como dijo alguien por ahí, tienen lista la maleta en la puerta de salida de los clubes. Son pasajeros y circunstanciales en el éxito.

Colombia entera, del presidente para abajo, le pidió a la Fedefútbol que renovara a Pékerman tras el gran Mundial que se hizo en Brasil. No había otro técnico, otra posibilidad, era don José y punto. Quince meses después, sin conocer los resultados ante Chile y Argentina, ya a Pékerman se le tilda de poco trabajador, mal táctico, haber dilapidado su imagen y la de la selección en partidos oficiales como Copa América y en partiditos de tercera contra selecciones de media petaca. Hoy Pékerman divide, ya se escuchan muchas voces contradictorias que se quejan de su lentitud en las convocatorias, de la tardanza para seleccionar rivales de alguna jerarquía, de su aparente falta de compromiso para trabajar buscando el recambio. Vive en Buenos Aires aislado del mundo colombiano, vive en otro mundo, se escucha decir.

No se olviden, José Néstor Pékerman también sabe que es un bicho extraño, ser técnico de fútbol lleva implícito esa calificación, y conoce que su maleta está en la puerta de salida como no se den los resultados.

Ni el ‘Special One’ se salva de la inmensa hoguera, de ese crematorio…