Por: Jorge Barraza                                                                                                                                                                  Periodista y columnista argentino – Especial para FÚTBOL TOTAL                                                                    Twitter: @JorgeBarrazaOK

Seis meses y seis días después de jugar su último partido en el Al-Rayyan, James Rodríguez volvió a vestir la roja camiseta del equipo catarí en un choque oficial. Fueron poco más de veinte minutos entrando desde el banco. Minutos simbólicos, pues no aportó ni pudo cambiar la dinámica del equipo. Peor que eso, iban 1-1 cuando ingresó y terminaron cayendo 2-1 de locales ante el Al-Markhiya, permaneciendo en el último puesto de la tabla, con apenas un punto de 18.

Una realidad lamentable de ambos, del Al-Rayyan y de James, el jugador más costoso del plantel. Ya el año anterior había tenido reiteradas ausencias, nunca debidamente explicadas. No se trata de un atleta que se rompió los ligamentos o sufrió una fractura, sino dolencias que él aduce y por las cuales no está a disposición del técnico.

Lo llamativo es que recién volvió a participar de un juego cuando ya habían cerrado todos los mercados de transferencias en Europa, evaporándose la última chance de salir de Catar, que era el Galatasaray. Al anunciar el club turco que fichaba al español Juan Mata, inmediatamente James se puso a disposición de su entrenador, el chileno Nicolás Córdova. Desesperado por salir del emirato, después de tocar varios timbres, James se ofreció al Valencia mediante los oficios de Edu Aguirre, participante de El Chiringuito, de la TV española, y del influenciador Ibai Llanos, ambos de estrecha relación con Jorge Mendes, agente de James. “Me quiero ir de Catar”, arrancó. Luego señaló sin pudores: “Si me llama el Valencia voy corriendo desde Catar”. Fue más específico: “Si quieren alguien que le ponga balones a Cavani, ahí estoy yo”. Y hasta ofreció bajarse el sueldo.

Naturalmente, en Catar también se leen los diarios y fue tomado como una total falta de respeto al club que hace un año confió en él y que le paga una fortuna por jugar, lo cual hace muy poco.

La pregunta que muchos se formulan es ¿por qué cambió Inglaterra por Catar…? ¿Por qué irse del Everton, donde tenía dos años más de contrato…? Está claro que no priorizó lo deportivo. ¿O buscó un medio donde le pagaran lo mismo sin tanta exigencia y, sobre todo, con menor intensidad física…?

En cambio, el medio Al Arab, que no está en la nómina de contactos de Mendes, le dedicó un artículo contundente: “Rodríguez, un fracaso profesional”, tituló, sin rodeos. “Lamentablemente, en lugar de diligencia y participación jugando, se dedicó a reclamar lesiones una y otra vez, y también a salir por las redes sociales y presentarse a los clubes, escapando de los juegos y entrenamientos, fabricando argumentos y falsas ilusiones para no participar en los partidos”, escribió el medio. Y agregó: “Ahora todo el mundo está en su contra, sobre todo porque Al-Rayyan es un equipo grande y hubo (en el pasado) estrellas distinguidas que tuvieron actuaciones maravillosas y fueron profesionales en toda la extensión de la palabra, a diferencia de Rodríguez, que no está a la altura. No ha sido un profesional, sino un rebelde”. También los hinchas se le han puesto en contra, manifestándolo en las redes sociales, silbándolo durante el encuentro y abucheándolo a la salida del estadio: “Hospital, hospital…”, le gritaban.

Tan diferente a cuando pisó suelo catarí… “No he venido para estar tranquilo, sino para ganar. Le dije al técnico que quiero ganar títulos, ganar cosas. Soy un tipo ganador”, declaró el cucuteño al ser presentado el 23 de septiembre de 2021. Sin embargo, su contribución ha sido puramente testimonial, mínima: 1.143 minutos en cancha, que significan 12,7 cotejos completos (en promedio uno por mes, y monedas). Algo que viene siendo una constante en James: cada vez juega menos. En las últimas ocho temporadas, ha disputado 15.423 minutos que, divididos por 90, dan 171,4 encuentros, a un promedio de 21,4 por campaña. Comparado con los grandes futbolistas mundiales resulta irrisorio. En el mismo lapso, Messi disputó 377 partidos, Lewandowski 375, Harry Kane 367, Cristiano Ronaldo 364, Salah 361. Le sacan unos 200 duelos, cada uno, en clubes. Lo mismo acontece a nivel selección, lo aventajan en una alta cantidad de presencias. Juegan, están. Sin hablar de rendimientos, ítem en el cual la diferencia es abismal.

Los pocos partidos y las ausencias a los entrenamientos durante años generan que luego el cuerpo no soporte la casi desmesurada prestación física que el fútbol de élite requiere actualmente. Por eso algunos jugadores se lesionan de continuo. Entran y se rompen. En el caso de James, a los 31 años, ya la parábola del rendimiento atlético muestra la flecha decididamente hacia abajo. No es igual a los 23 años enfrentar zagueros de 31 que a los 31 toparse con muchachos de 23. Cambian radicalmente las relaciones de potencia. Por eso a James se le ve casi obligado a soltar la pelota rápidamente; en cuanto la para y busca acomodarse, se lo llevan puesto. Ya en las últimas temporadas
su tarea en el campo se limitó a tirar centros, lo cual hace maravillosamente, pero ningún jugador puede circunscribirse solo a eso.

En lo que le va estupendo es en lo económico. Es seguramente el profesional mejor pagado del mundo en función de lo que da. Goal.com publicó el 1° de septiembre que el contrato de James con Al Rayyan es de 11.184.912 euros al año. Y ya está corriendo el segundo. No nos importan sus honorarios, ese es un tópico privado entre el futbolista y su club, aunque sí cabe la reflexión del empresario y también comentarista en televisión Simon Jordan, expresidente del Crystal Palace: “Asumes la postura negociadora de ‘tengo derecho’ a este salario, okay, pero entonces el club tiene derecho a que te desempeñes en un cierto nivel, y no lo has hecho”. Lo dijo justamente por James, cuando acababa de salir del Everton, que, según fuentes de la ciudad de Liverpool, le pagaba 200.000 libras semanales. La misma figura aplica ahora en el Al-Rayyan.

También en las redes sociales es una figura popularísima, está a punto de alcanzar los 50 millones de seguidores. Y lo mismo en los medios. Así esté inmerso en una larguísima inactividad como la reciente, casi no hay día en que no aparezca una nota sobre James Rodríguez. Por el motivo que fuera, pero sobre todo por posibles transferencias, todos rumores nacidos en la cocina de ‘Gestifute’, la empresa de Jorge Mendes. Humo, le llaman en la calle. Nadie
mostró interés real en él. Lo que ha cambiado es la percepción de buena parte del público a esta andanada de publicaciones. Antes, en las menciones de prensa que surgían de James, había comentarios variados de los lectores,
unos en contra, otros a favor. Los favorables fueron decreciendo hasta casi desaparecer del todo. No hay quien lo defienda. Es propio del comportamiento humano: el público comienza a desarrollar anticuerpos contra tanta publicidad sin fundamento y sospecha que son artículos patrocinados. El portal de Internet ‘Bolavip’ lanzó una
encuesta con la consigna “¿Volveremos a ver la mejor versión de James?”. Un 74% respondió NO. Bastante lógico. Lo curioso es que un 26 aún cree que sí puede retomar el nivel del 2014. Significa que la imagen positiva no lo ha abandonado del todo.

Ni Mendes, con toda su célebre persistencia y sus conexiones al máximo nivel, con su mediática organización y sus periodistas afines, ha podido influir para conseguirle un club europeo. Si no es feliz en Catar, tal vez haya llegado para James Rodríguez la hora de preguntarse si de verdad sigue amando el fútbol, si aún tiene ganas de vivir el vestuario, si le quedan sueños, si anhela dejar el alma en cada práctica y cada partido. Si no es así… ¿para qué seguir?

 

Por Futbol