LIVERPOOL Y BARCELONA, EJEMPLO Y ANTIEJEMPLO
*Por Jorge Barraza
Especial para Fútbol Total (Colombia)

“En fútbol, lo más difícil es hacer gol, todo lo demás se puede arreglar”, dice Juan Ramón Carrasco. Cierto. Y saber fichar es la regla número uno del éxito. Todo lo demás es secundario. Pero si compras a Coutinho por 160 millones de euros, a Demeblé en 145 y a Griezmann en 135, si además les firmas contratos de cinco años por encima de los diez o doce millones y te haces cargo de los impuestos, que casi los duplica. Y si también has asumido comisiones obscenas para los empresarios en los traspasos, puede que tengas un agujero de 700 millones. Y quizá estés jugando con la quiebra.

Si haces todo eso no te sirve tener un club ordenado, un maravilloso departamento de marketing o que vendas 60.000 abonos al año. Tampoco contar con un excelente entrenador y un buen plantel. Te arruinarás. Porque además tendrás que ponerlos a jugar, pues llegaron como galácticos (que no son). Y deteriorarás tus posibilidades deportivas.

“Arda Turan cierra su calamitoso ciclo blaugrana”. Pese al rotundo título del diario Sport, la noticia pasó casi inadvertida: sucede que el (¿exfutbolista…?) turco parece un personaje lejano, tapado por el polvo del olvido. Es otra de las tantas ruinosas operaciones de los últimos seis o siete años con las cuales el FC Barcelona cumplió lo que parece un cometido insólito: destrozar el potencial de su equipo en base a monumentales erogaciones. Turan, un discontinuo jugador que Simeone ansiaba quitarse de encima del Atlético de Madrid, fue fichado por 34 millones de euros más 7 en variables (cobradas casi todas) y con un salario millonario por cinco años de contrato. No jugó los primeros seis meses al estar suspendido el Barsa por la FIFA para incorporar jugadores (cabe preguntarse entonces para qué lo fichó). Pero lo pagó. Luego de dos años en los que ni frío ni calor, fue de hecho extirpado del plantel; se lo dio a préstamo al Başakşehir, un ignoto club de Estambul que nunca trascendió, por dos años y medio. O sea, lo desaparecieron. Desde luego pagándole una parte suculenta de sus haberes hasta la finalización del vínculo. El 30 de junio, al fin, se cerró el capítulo Turan.

Arda es apenas una minúscula mancha en el lamentable traje de esta directiva catalana. Ni se compara con el tridente Coutinho-Dembelé-Griezmann, que costó veinte veces más y ha tenido un esperpéntico rendimiento futbolístico. Los tres con sueldos estratosféricos que luego dificultan no ya transferirlos a otros clubes, sino incluso cederlos gratis a préstamo, porque el club azulgrana es el que paga los honorarios más altos del mundo con mucha diferencia y los otros no pueden asumir tales emolumentos. Por Coutinho, el segundo pase más caro de la historia del fútbol, se busca afanosamente colocarlo en algún lado aunque sea para salvar la ficha del jugador.

Antes y después, un festival de pases a precios siderales y de nulo rendimiento como André Gomes, Paco Alcácer, Aleix Vidal, Douglas, Digné, Vermaelen, Malcom, Jeison Murillo, Prince Boateng, Yerry Mina, Todibo, Wagué, Junior Firpo (un enigma cómo llegó ahí)… Un caso paradigmático es el de Alex Song, quien confesó recientemente: “Cuando hablé con el director deportivo del Barcelona me dijo que no iba a jugar mucho, pero no me importó porque sabía que iba a ser millonario, por eso fui”; A Song se le hizo un contrato por cinco años de 5,5 millones cada uno; estuvo dos temporadas, embolsó 11 M€ y un bonus por ser campeón 2013 y luego le encontraron un club para darlo a préstamo. Debe aclararse que cuando se habla de 5,5 son limpios para el jugador.

Se le escurrió de las manos Neymar, con lo cual perdió enorme poder ofensivo; no renovó a Dani Alves cuando aún estaba impecable (la razón era que el brasileño pedía dos años de prórroga y el club le ofrecía uno) y luego debió penar cuatro años por un lateral derecho, puesto en el que recién está afianzándose Semedo y en el que dio todo tipo de ventajas con Sergi Roberto, que es volante. Le abrió la puerta a Adama Traoré, hoy gran revelación en el Wolverhampton inglés; quedó libre el japonés Kubo, fichado de inmediato por el Real Madrid (está brillando en el Mallorca). El Barcelona tiene un antirécord imbatible: tenía a Maradona, Ronaldo Nazario y Neymar, los tres propiedad del club y con contrato vigente, y los dejó escapar.

Todo ello sin contar la romería de fichajes menos costosos para el Barsa “B”, que siempre se espera puedan llegar en un par de temporadas a Primera. Ninguno llegó. Aparte, deterioró su imagen institucional sacando a la brava a Coutinho y Dembelé, a quienes incluso indujo a rebelarse con sus anteriores equipos para forzar su salida, y a Griezmann sin la anuencia del Atlético de Madrid. Así, temporada tras temporada, fue perdiendo poderío y desperdiciando años de oro de Messi, en lugar de rodearlo convenientemente. Se fueron retirando Puyol, Xavi, Iniesta, Alves, Mascherano, grandes cracks, y el plantel envejeciendo, sostenido siempre por Piqué, Busquets, Messi. Pero, además de empobrecer la dotación, la achicó a niveles inexplicables. En este mismo curso llegó a tener apenas 14 profesionales disponibles para alinear, una entidad que ha rozado los mil millones de euros en contrataciones.

Lo mismo fue cayendo el nivel de los técnicos. De Guardiola, un número uno mundial, fue decreciendo hacia Tito Vilanova, Martino, Luis Enrique, Valverde, ahora este señor Setién, cuyo mejor antecedente es un paso gris oscuro por el Betis.

La penúltima es el inexplicable trueque de Arthur por Pjanic, un joven de 23 años por un casi veterano de 30. Y la última es la reducción de su plantel de 52 ojeadores a la mitad; ¿52 ojeadores…? ¿Qué ojean…?

Mil cuatrocientos kilómetros al norte, Jürgen Klopp es la confirmación de que saber comprar es la llave de la felicidad. Lo demás viene por consecuencia. No exige fichajes supergalácticos, tampoco permite que los dirigentes le traigan bultos que él no pidió para hacer negociados. Reforzó, promovió y dirigió con excepcional sabiduría. Y nunca se impacientó, persistió: fue subcampeón de Europa en una polémica final con el Real Madrid (siempre hay polémica por ahí…) y al año siguiente coronó. En la Premier anterior fue segundo a un punto del City habiendo sumado increíbles 97 unidades. Ahora vio la bandera a cuadros.

Le llevó casi tres temporadas reformular el batallón. De esos 44 efectivos que recibió entonces, sólo quedan 8: Firmino, Henderson, Lovren, Milner, Joe Gómez, Origi, Lallana y Clyne, aunque sólo los dos primeros son titulares fijos. Los Salah, Mané, Alisson, Van Dijk, Robertson, Fabinho, Keita, Wijnaldum, Shaqiri, Matip los fue agregando Klopp. Un armado artesanal que, digámoslo, demandó alta billetera también: 410 millones de euros en total. Pero no se equivocó casi nada Jürgen, apenas con el arquero Karius (le costó una Champions, eso sí). Con mano maestra, Klopp armó una máquina a precios razonables.

Lo mismo había hecho el DT alemán en sus siete años en el Borussia Dortmund. Tras quedar el equipo 13ro. en la estación 2007-2008 con Thomas Doll, Jürgen empezó de cero a construir un nuevo castillo. Y lo llevó a ganar dos Bundesligas, una Copa de Alemania y dos Supercopas además de llegar a la final de Champions. En ese lapso el club ratificó su fama de ser el mejor descubridor de talentos del mundo. Es exactamente la antípoda del FC Barcelona: compra bueno y barato. Así fichó a Lewandowski (de Polonia), Aubameyang, Gundogan, Pulisic, Reus, Sancho, Mkhitaryan, Perisic, Pulisic. En el caso Dembelé, lo contrató por 15 millones y lo vendió 365 días después en 145 (al Barsa). Además, es un club con un proyecto sano, exclusivamente deportivo. Puede equivocarse (muy poco), pero sus hinchas estarán tranquilos: se busca reforzar permanentemente el plantel sin despilfarros.

Liverpool y Barcelona son hoy el ejemplo y el antiejemplo.