LOS 200 GOLES DE FÚTBOL TOTAL

Por: Daniel Samper Ospina

Permítanme la inmodestia de partir de una confesión: la de sentir profundo orgullo por hacer parte de la edición número 200 de esta revista, una tarea titánica, llevada a pulso contra viento y marea por la mano de don Italo Pinzón: empresario quijotesco que desde el mes de junio de 2004 se empecinó en la impertinente, pero necesaria, pero arriesgada, pero grandiosa  tarea de editar una revista especializada de fútbol, en un país en que el negocio de las revistas es cada vez más difícil, y en el que ser independiente, en medio de la voracidad de tantos monopolios, es una audacia casi insolente.

En marzo de 2005 inicié mis ininterrumpidas colaboraciones con Fútbol Total. Mi estreno, lo recuerdo, fue una diatriba contra los cobardes hinchas que se arropan en el anonimato de las gradas para lanzar improperios a los futbolistas: improperios canallas, muchas veces racistas, que serían incapaces de balbucir si se encontraran frente a los agredidos, en un callejón vacío. Cobardes.

Y desde entonces he estado a bordo de la nave con la felicidad de haber encontrado un pretexto nuevo para ser feliz: permitirme pensar, y escribir, sobre el deporte que más me apasiona en la vida. Efectivamente, la plataforma de la revista me ha permitido llevar una bitácora involuntaria de estos últimos años de mi vida de hincha, en los que el equipo de mis amores ha brillado como nunca: cada columna que la nueva era del equipo me inspiró,  apareció en estas páginas, como una fórmula para recordar la gesta santafereña, que, a veces, creo que sucedió únicamente para que la pudiera apresar en estas páginas.

Desde esta revista buscamos –y encontramos– a Mina Camacho, la leyenda del arco santafereño, cuando apenas teníamos el dato de que se encontraba malviviendo del rebusque, mientras ayudaba a sacar los trámites de las licencias de conducción; celebramos uno a uno todas las estrellas obtenidas por el Santa Fe, desde el título de la  Copa Colombia conseguido contra el Deportivo Pasto, hasta la estrella número nueve, de reciente consecución decembrina; y rememoramos varias veces la Selección Colombia de la infancia, en contraste con la potencia goleadora, y casi milagrosa, de la que jugó el Mundial de Brasil.

Editar una revista requiere de un sentido de la paciencia y de la coordinación exagerado: en cada edición hay que imaginar, encargar, recibir, aterrizar. “Editar una revista exige cotejar cada pie de foto, cada folio, y cada palabra de cada artículo, no una, sino varias veces, y todo esto generalmente en horas de la madrugada”, me dijo, alguna vez, en un cierre de edición, un jefe de redacción veterano, ya con los ojos rojos del cansancio, para significar que el nivel de detalle en el ejercicio del editor resulta ser agobiante. Y sí: eran las dos de la mañana.

Y acá está este ejemplo: el ejemplo de la revista Fútbol Total después de haberse reinventado doscientas veces: después de haber marcado doscientos goles. Después, en fin, de haber sido inventada en la cabeza de Italo Pinzón, y conducida por el pulso firme de Nicolás Samper, en una primera etapa, y por Andrés Magri, desde 2012 hasta la actualidad. Gracias, pues, a los lectores. Y gracias, naturalmente, a todo el equipo de redacción, por culpa del cual no me cabe duda de que nos volveremos a encontrar para celebrar la edición número 300, en poco tiempo.

Me he encontrado con pocas deferencias tan amables como la de abrir el número doscientos de esta gesta silenciosa y persistente que ha ayudado a ennoblecer al periodismo deportivo colombiano, generalmente expresado en formatos verbales y muchas veces con la tendencia a reemplazar por la emoción y el grito, un juego que también puede ser analizado con madurez y celebrado con belleza narrativa.

Pero, dentro de esas deferencias, ninguna ha sido tan valiosa como que se me haya permitido jugar de volante en esta casa, en este equipo: el equipo de unos soñadores tercos, que saben que hacer una revista es más que hacer una revista: es tratar de dejar un legado, es tratar de disparar contra el olvido, es tratar de demostrar que más que el gol, lo importante es la jugada que llevó a él.

Felices primeros 200 números. Y que siga la fiesta…