MANUAL DEL TORCIDO

TARJETA ROJA

POR IVÁN MEJÍA ÁLVAREZ

 

En estos días, viendo un partido del fútbol colombiano, en donde un árbitro se vio tan equivocado, favoreciendo de una manera descarada a uno de los equipos, me propuse hacer una columna sobre esos peligrosos sujetos y desde el principio le tenía el título: manual del  torcido.

Un juez  como Velasco Carvallo, el españolete que envió la FIFA  para clasificar a Brasil en el estadio de Fortaleza en el Mundial, y todos sus congéneres que actúan en forma sospechosa, ladina, maliciosa, tienen unas características que les son comunes:

Lo primero es que los “torcidos” no necesitan generalmente pitar penaltis, expulsar o tomar decisiones de gran calado para favorecer los intereses del equipo que deben defender. Se da el caso, y los que están metidos en  el tema lo saben bien, que mientras más conozca el  arbitro del reglamento, mejor cumple su función de torcer un resultado. Por eso, la vieja frase del fútbol, ese “sabe mucho”, de aquellos árbitros que te van liquidando a punta de pito sin  necesidad de llegar a grandes decisiones reglamentarias.

Esos que saben mucho, te van inclinando la cancha. Pitan todas las faltas a favor del equipo que quieren ayudar y consideran falta todo lo que hace el equipo al que deben castigar. Las amarillas salen a relucir desde el principio. Los defensores y los volantes de marca que medio den una papayita, se van  de cartulina, de modo que queden en evidencia y jueguen a la mitad de su rendimiento porque ya tienen el sambenito del cartón que amedrenta. Y, por supuesto, a la menor oportunidad expulsan a un jugador del  equipo que deben perjudicar.

Después de inclinar la cancha, y si las cosas no salen como ellos esperan, viene la etapa de las decisiones trascendentales, como los penales o los goles en fuera de lugar. Generalmente, levantan la cabeza y esperan que el asistente les apoye en sus decisiones. El reloj es de arena y si se necesita más tiempo alargan el partido, y si hay que terminarlo antes, igual pitan a los noventa, dependiendo de lo que necesite el cliente.

Se recuerda a un sinvergüenza chileno, un tal Hernán Silva, que en un partido Millos-Nacional en El Campín (en aquellas épocas en que a los jueces los levantaban y los  ponían a pasear por la ciudad vigilados por unos sujetos con metralleta) que para evitar sancionar un tiro penalti contra ‘La Gambeta’ Estrada, de Millonarios, se le ocurrió la máxima: tiró el pito al piso y se agachó a recogerlo, de modo que cuando los jugadores azules llegaron a protestarle, de inmediato les dijo… qué pena, no vi la jugada, estaba recogiendo el silbato.

Los jueces “torcidos” son fácilmente reconocibles, pero ellos evitan al máximo quedar en evidencia e incluso algunos han logrado mantener la imagen de honestos con sus arbitrajes, considerados como neutros e imparciales, así hayan manipulado el reglamento.

En la Conmebol existe una trinca de jueces que durante años favoreció a los equipos argentinos por cuenta del gran ‘Vito Grondona’, el deshonesto y bandido más grande que ha parido el fútbol suramericano en toda la historia. Un tal Amarilla, otro tal Cardellino, eran terribles y casi nadie advertía las formas en que digitaban los resultados para favorecer a los equipos que quería el mafioso argentino.

Alguna vez se dio la historia de un árbitro extranjero que dirigió en Colombia, el cual recibió dinero de los dos equipos y cuando terminó el partido les mandó decir a los dueños de los clubes que les quedaba debiendo la plata y que en un próximo juego se los pagaría.

Y dentro de los cuentos que circulan en el fútbol, un juez “torcido” se puso furioso con los jugadores de un equipo que debía favorecer. Ellos jugaron muy mal, botaron un inexistente penal, terminaron perdiendo y en medio del reclamo del capitán porque no les había ayudado, el tipo salió con esta perla: “lo único que no puedo hacer es meter el gol… ustedes son muy malos”.