MESSI HABLA EN LA CANCHA

Por: Jorge Barraza  * * *

Antítesis de casi todas las estrellas del deporte, es número uno del mundo, pero no es ídolo. No lo es en la Argentina, donde le exigen un campeonato mundial como condición para quererlo, y tampoco en Barcelona, al que le dio más de 400 goles y 21 títulos, pero al primer año sin conquistas lo hallaron culpable del fracaso del club.

El hincha argentino lo tiene en la mira telescópica, aunque aún no ha quitado el seguro; y el barcelonismo nunca le brindó una muestra de amor verdadero. Messi es admirado, no idolatrado. Ídolo fue Maradona en Nápoles, Garrincha en Brasil, es Cristiano en el Madrid, Totti en la Roma.

La culpa es suya: Messi no tiene tatuajes ni aritos, no usa barba de diez días ni peinados extravagantes, no es rebelde ni indisciplinado, no hace declaraciones altisonantes ni se pelea con nadie, tampoco es excéntrico ni ostentoso. Nadie lo ve en una Ferrari o en fiestas glamorosas ni mezclado en romances de farándula. Un antidivo. Y lo peor de todo: no da para nada el perfil del genio indolente, una figura que seduce a las multitudes. Él solamente mete goles, gana partidos. Lleva una vida simple, es tímido e introvertido, casi no concede entrevistas. A la diez de la noche está en su casa en chancletas mirando tele o dándole la leche al nene; eso es intolerable para el público, que de un ídolo espera historias fascinantes.

El ‘Mágico’ González, aquel habilísimo puntero salvadoreño, es poco menos que el patrono de Cádiz, donde brilló en los ’80. Pasaba las noches con mujeres, bebiendo y fumando, pero al día siguiente metía uno o dos goles y los hinchas amarillos deliraban de emoción. “Al Mágico lo han encontrado esta mañana a las ocho, durmiendo en un bar, y fijate tu, hoy es la figura de la cancha, un tío genial…”, comenta extasiado un forofo gaditano en un especial de ESPN sobre la carrera del máximo crack centroamericano. Sumada a sus grandes cualidades, la fama de farrero lo convirtió en un sujeto de culto.

Messi juega muchísimo más que todos, pero otros lo igualan con promoción, marketing, imagen, carisma o demagogia. La sencillez, en él, es un pelotazo en contra. Un genio correcto no es un genio en el imaginario de la gente.

La belleza de la mujer genera la primera atracción en el hombre, luego las virtudes personales van aumentando el interés. Con el crack de fútbol sucede algo similar: el talento despierta la aprobación inicial, luego las actitudes públicas del futbolista, su forma de conducirse, lo que declara, hacen que uno lo unja favorito. Es difícil disociar al deportista de la persona. Y para este cronista, Messi es el modelo perfecto de deportista. Le pegan y no llora ni protesta, se levanta y sigue jugando. Arma un jugadón y un compañero desperdicia el gol; no dice nada, vuelve a armar otro… Toma la pelota y va para adelante siempre, quiere el gol, la victoria, no pelea con los rivales ni con los árbitros ni con el público ni con la prensa. Le han dicho miles de cosas, nunca responde, no es un hábil declarante, Messi habla en la cancha.

¡Y las cosas que dice…! En el césped es el más grande de todos. Maradona es la habilidad cumbre de este juego, con una rebeldía emocionante. Pelé, el jugador más ganador de la historia, en títulos y en espíritu. Él convirtió a Brasil en la máxima potencia del fútbol. Messi es la zurda de Maradona y el sentido del gol de Pelé, pero con más velocidad que los dos. Y puesto en un contexto infinitamente más difícil que el de hace treinta, cincuenta o sesenta años. Antes, al que encabezaba un ataque se le permitía, recibir, dominar y encarar, ahora la presión sobre el rival y sobre la pelota impide que pueda pararla; hay que moverse rápido, anticipar al defensa y jugar a un toque, máximo dos. Y la velocidad es tres veces mayor, lo que quita precisión e induce al error. No tenemos un átomo de duda: en 1960, con la velocidad, las marcas y los arqueros de entonces, Messi hubiera hecho dos mil goles. Por rapidez natural, sensibilidad con la pelota y técnica de remate.

Si alguna vez se corona campeón del mundo o no, no cambia nada. Es el uno de la historia, lo piensan cientos de entrenadores y exjugadores, que saben lo que se puede hacer y no hacer en un campo de juego. Y porque lo hace en este tiempo, cuando el grado de dificultad es mucho mayor que antes. Esteban Pogany fue un arquero que actuó 23 años en Primera División, casi toda su carrera en la Argentina, también en Colombia. Luego fue asistente técnico de Héctor Veira y hoy es entrenador de arqueros de las selecciones juveniles argentinas. Lo ve cuando los Sub-20 ó Sub-17 entrenan con la selección mayor. Cuenta: “Jugué ocho años con Bochini en Independiente, compartí un año con Maradona en Boca y ahora, por mi función en la AFA, me toca ver a Messi desde el borde del campo de juego. ¿Sabés lo que es verlo llevar la pelota en velocidad…? Alucinante…” Dice no haber visto nada parecido.

En la actual, la peor temporada de Leo en diez años de Primera por sus lesiones y por el derrumbe del Barcelona como equipo, lleva 40 goles. ¡El año en que fracasó, la mandó 40 veces adentro…! Eso sólo lo dimensiona. En cualquier época, cuando un atacante marca 40 goles es un suceso extraordinario. En él es una mala temporada.

Leo es hermano gemelo de Fútbol Total, aparecieron juntos en 2004, Messi en Primera y Fútbol Total en el mercado editorial. Roguemos por otros diez años iguales. Somos muy afortunados de ser sus contemporáneos y verlo dar dos funciones por semana, en directo, a color y en alta definición. Por eso, les digo a mis hijos y amigos, no se pierdan un minuto de Messi, estamos viendo la historia del fútbol.

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