Una vez más el técnico colombiano Jorge Luis Pinto salió de Costa Rica en medio de la polémica. A pesar de llegar hasta los cuartos de final en el Mundial y de ser recibido como un héroe nacional por el pueblo tico, decidió dar el portazo aduciendo que en su contra había intrigas y traiciones, mientras que sus ex colaboradores afirman que fue un patán de tiempo completo y las relaciones con los futbolistas eran pésimas. ¡Toda una novela!

Hace apenas unas semanas Costa Rica vivió el suceso más grande de toda su historia futbolística. En Brasil 2014 apenas unos pocos soñadores creían que el humilde equipo centroamericano podría ganar algún partido, pues en el sorteo de grupos había tenido la extraña suerte de ser acomodado junto a tres ex campeones del mundo y contra todos los pronósticos no solo ganó dos juegos (a Uruguay e Italia)  sino que además clasificó primero de su grupo tras un empate en la tercera fecha con Inglaterra.

Hasta ahí la actuación de los ‘ticos’ ya valía toda clase de elogios. La prensa internacional se volcaba a reconocer el trabajo táctico del entonces ‘semidesconocido’ adiestrador Jorge Luis Pinto y desde afuera, parecía que reinaba el orden y la disciplina, pero el desempeño de los costarricenses tomó tintes de hazaña con lo que vino después: primero, instalarse entre los ocho mejores del mundo eliminando a Grecia y posteriormente llevando el juego ante Holanda hasta la agonía de los tiros penaltis donde finalmente sucumbieron.

Costa Rica, un equipo sin historia ni grandes figuras, quedó a un paso de las semifinales y logró irse del Mundial de manera invicta, teniendo además la valla menos vulnerada del campeonato con solo dos goles encajados, todo a partir de un concienzudo trabajo táctico y físico de quien lo orientaba. “Tendrán que hacerle una estatua a Keylor Navas (su arquero) y otra a Pinto” decían en la prensa mexicana, en el periódico británico The Guardian comparaban al santandereano con Mourinho y un amigo de esta casa como lo es el reconocido periodista argentino Jorge Barraza, lo ponderó como el mejor DT de la Copa, aún por encima del campeón Joachim Löw.

Pero todo eso pareció quedar en el olvido en un abrir y cerrar de ojos. Tras el apoteósico recibimiento que se le dio en San José a la delegación costarricense que participó en el Mundial y tras ver en las calles reiterativos carteles que decían cosas como “¡Gracias Pinto!”, “¡Viva la Sele!” y “¡Matagigantes!” el entrenador decidió dar por terminado su vínculo con la Federación de aquel país mientras que sus allegados armaban una polvareda contándole a los diferentes medios de comunicación sobre el supuesto trato “déspota y humillante” del DT colombiano.

¿Un mundial caótico?

Siempre se ha dicho en el fútbol que es vital la unidad de grupo, pues si las relaciones no están bien al interior del colectivo, tampoco habrá conexión en la cancha. Sin embargo en Costa Rica parece que todo fue al revés pues ahora parece que Pinto se ‘agarró’ con todo el mundo antes,  durante y después del Brasil 2014.

Entre el historial de agravios que han publicado medios locales como Al Día y el diario La Nación, se cuenta por ejemplo –según palabras de Ricardo Chacón, director general de Selecciones– que el estratega estuvo a punto de irse a los golpes con el sicólogo Jaime Perozzo quien le reclamó por la forma en que trataba a los miembros del cuerpo técnico, que le dijo al médico Alejandro Ramírez que no servía para nada y al jugador Marco Ureña que se arrepentía de haberlo llevado a la Copa del Mundo. El preparador físico Erick Sánchez contó que Pinto no estaba de acuerdo con los calentamientos que dirigía y llegó a decirle que su trabajo era “una mierda”, Eduardo Li, presidente de la Federación, develó que Pinto se filtraba a medianoche en los cuartos de los jugadores y prendía la luz de la habitación para ver qué estaban haciendo, lo que incomodó terriblemente a los futbolistas y hasta peleó con la nutricionista del equipo  por el tamaño pequeño que a su juicio tenían los muslos de pollo que sirvieron en la cena previa al juego de cuartos de final contra Holanda.

Ni ídolo, ni personaje nacional, ni siquiera persona respetada. En Costa Rica de Pinto no se habla hoy por hoy como el gran estratega que los llevó a un sitial de honor jamás conocido por su fútbol sino como un hombre despreciado por la mayoría de quienes lo tuvieron como coequipero de trabajo.

“Si hablar fuerte y tener carácter, es ser grosero entonces lo soy”

Desde luego, Jorge Luis Pinto ha negado muchas de las acusaciones que se le hacen, aunque reconoció públicamente que la decisión de no prorrogar su contrato como seleccionador de Costa Rica se debía a que los directivos le negaban la posibilidad de conformar su propio cuerpo técnico para el futuro inmediato.

La cuestión es sencilla. Cuando el colombiano firmó contrato en 2011 con el objetivo de llevar a los ticos al Mundial, lo condicionaron a que debía aceptar a determinados personajes que la Federación le impusiera en su grupo de colaboradores, todos ellos costarricenses: preparador físico, asistente técnico, entrenador de arqueros, fisioterapeutas, médicos y demás. Pero Pinto no logró una comunión con ellos, tuvo diversos altercados y esperaba que a su llegada a San José pudiera cambiar el panorama. Eso no sucedió, en parte porque también había presión por parte de algunos jugadores que ya no se sentían a gusto con sus rigurosos métodos y su trato al estilo militar.

Sin embargo, Pinto también habló y en sus palabras hay mucho de cierto: “Aquí hay un resentimiento del éxito en algunas personas allegadas. Y ahora salen a decir una cosa y la otra, ha hacer una guerra de palabras, de opiniones, se inventan que yo dije, que yo hice y en los medios hay una cantidad de intrigas. Una cosa de locos. No muchachos, si quedamos de octavos y para quedar de octavos cuesta muchísimo. Hay selecciones que llevan 60, 80 años buscando llegar a cuartos de final y no lo han logrado”

Y es verdad. Mientras en Colombia -donde se vivió una actuación semejante a la de Costa Rica- José Pékerman es idolatrado, en el país ‘tico’ Pinto salió casi por la puerta de atrás en medio de una oleada de acusaciones y agravios. No por su trabajo, sino por su personalidad. Aspecto que en aquel país ya conocían bien pues Pinto había trabajado allí varios años (de 2002 a 2003 como entrenador de Liga Deportiva Alajuelense y entre 2005 y 2006 como seleccionador nacional) tiempo suficiente para conocer de su temperamento caliente.

“Yo no sé porque aquí quieren malograr lo que se hizo en el Mundial. No quedamos de 32, sino de octavos. Es que como veo las cosas, si quedamos de 32 nos echamos bala, porque si así es habiendo llegado a cuartos. Yo era el líder de este grupo y debía exigir, porque es mi derecho, y si no era así, no habíamos llegado tan lejos. Algún jugador no lo entiende, alguno de mi cuerpo técnico no comparte mi estilo, pero yo soy así, exigente. Y durante año y medio dormí con el enemigo, porque uno de mis asistentes le pedía constantemente al presidente de la Federación que me sacara, y yo aguanté. Pero ya no. Si no puedo elegir mi propio cuerpo técnico no puedo seguir” y muy a pesar de ese carácter fuerte que lo distingue, entre lágrimas afirmó que se iba sin odios ni rencores.

No obstante, en los días posteriores siguieron apareciendo diversas versiones sobre el aparente maltrato de Pinto a sus dirigidos a lo que el adiestrador respondió con una carta abierta en la que añadió: “Si ser estricto con la disciplina y no dejar nada al azar me hace una mala persona como algunos están insinuando en los últimos días, entonces lo soy… Si hablar con un tono fuerte y tener carácter es ser grosero, entonces lo soy… Pero es inadmisible que se esté insinuando algún tipo de violación y atropello de los derechos humanos de mi parte hacia algunas personas en la selección como ahora después de dos años de trabajo están intentando hacerle creer a la opinión pública sin fundamento alguno”.

Así pues la novela de Pinto y Costa Rica terminó su segundo capítulo, de nuevo, con un final tormentoso. El santandereano empacó maletas rumbo a Alemania para adelantar un seminario de entrenadores y confirmó que escuchará nuevas ofertas porque desea mantenerse vigente, mientras que los ‘ticos’ dividen opiniones, pues unos parecen aliviados por no tener que seguir bajo el estricto régimen del ‘sargento’ Pinto y otros, un poco más agradecidos, se preguntan si algún día Costa Rica volverá a llegar tan lejos en un Mundial.

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PALOS EN LA RUEDA

Luis Fernando Suárez y Reinaldo Rueda tampoco continuaron en sus cargos como entrenadores tras el Mundial y por ahora están vacantes.  

Ecuador ha ido a tres mundiales en su historia y en todos tuvo a un entrenador colombiano sentado en su banquillo. El último de ellos fue Reinaldo Rueda, quien a pesar de su seriedad y experiencia nunca llegó a crear un lazo de empatía muy grande con la hinchada y la prensa, como sí lo tuvieron en su momento ‘Bolillo’ Gómez y Luis Fernando Suárez. Por eso, a su llegada al país tras la eliminación en el Mundial de Brasil 2014 no hubo demasiadas voces de apoyo ni respaldo en su favor.

Como consecuencia la federación de aquel país decidió no renovarle el contrato aún cuando casi todos le reconocen su esfuerzo por lograr un recambio generacional y dejar una base interesante para futuras competencias.

A su vez Luis Fernando Suárez, quien anunció que no seguiría con Honduras apenas minutos después de terminar su participación en el Mundial, develó que sintió “una tremenda desilusión” por el flojo nivel mostrado por su equipo en Brasil y dejó entrever que vería con buenos ojos volver a dirigir un club “me interesa es que sean proyecto serios y que se busquen puntos altos. Si es un equipo en el que se me abre la oportunidad, debe ser uno en el que se pretenda ser campeón” acotó.