NADIE SE LE ACERCA A FALCAO

Por: Jorge Barraza

El pasaporte de Radamel Falcao García dice que el lunes 10 de febrero cumple 34 años. Entre susurros, algunos le cuentan dos más. Por eso le alistan los papeles de la jubilación. No se apuren… Después de su última y rebelde lesión, le vimos hacer un gran gol en el Galatasaray al Denizlispor el pasado 19 de enero: enganchó con el borde externo del pie derecho, la perfiló para la zurda y fusiló. Gol de goleador, de gran delantero; no extraña, siempre lo fue.

Y se lo vio fresco físicamente. Nos puso a pensar: en la Selección se juega con dos puntas, uno seguro es Duván Zapata, queda un hueco ¿hay actualmente otro atacante mejor que Falcao en Colombia, con más oficio…? ¿Quién es…? ¿Roger Martínez, Morelos…? ¿La de México y la de Escocia son ligas mejores que la turca…? Desde Bogotá, Carlos Queiroz los observa con el periscopio, él disipará la duda el próximo 26 de marzo cuando arranque la Eliminatoria.

Más allá del tópico Selección, quedó sobre el tapete el nombre de Falcao. A los 34 y después de quince temporadas en Primera, es tiempo de balance, aunque tenga cuerda todavía. ¿Qué lugar ocupa en el proscenio del fútbol colombiano…?

El imaginario colectivo menciona a Willington, Valderrama, Asprilla, James Rodríguez, Falcao… Hasta ahí. Hablamos de los grandes-grandes. Willington nació en el tiempo equivocado, un fenómeno cuando el fútbol colombiano no era tan fenómeno. Delantero imparable, tenía uno contra uno (la verdad del fútbol). Encaraba, gambeteaba, goleaba, espectacular físicamente, guapo. No jugó en Europa porque no lo vieron. No había un ejército de representantes, como ahora. En ese tiempo las transferencias hacia el Viejo Mundo eran mínimas. Apenas argentinos y brasileños cruzaban el océano; en menor medida uruguayos; los peruanos, buenazos en esos años ‘70 (Sotil, Cubillas, Oblitas, Barbadillo, Uribe, Gallardo), algún chileno, algún paraguayo. Y punto.

‘El Pibe’ es un ícono. El fútbol razonado, la seriedad al servicio de la diversión, talento con personalidad, conducción, dirección. El geómetra del pase; como Messi, veía pases donde los demás no los vemos. Sí hubo Europa para él, justamente su paso por Francia y España lo tiene anotado en el debe. En el Montpellier jugó bastante, pero no pudo deslumbrar allá, quizá por ser un juego más veloz.

‘Tino’ fue un crack habilísimo, todo técnica y desparpajo, osadía, potrero, el Caribe en la cintura. También cruzó el Atlántico. Y no le pesó en absoluto el marco. Acaso le pesaron los placeres de la vida; no lo sabemos, lo intuimos por su impronta relajada, divertida. Pero, en todo caso, es un tema suyo. Un jugador no es lo que pudo haber sido sino lo que es, la carrera que hizo. Aquello de “si se hubiera cuidado” no cuenta en las estadísticas, se anotan los goles, las presencias, los títulos. Todo va en el combo: sus condiciones, su mente, su disciplina, su fuerza de voluntad, sus lesiones.

James Rodríguez nos llevó a pensar en Brasil 2014 si estábamos en presencia de un grande del fútbol. Y casi apostamos la casa después de aquel gol a Uruguay (todos sabemos cuál). Luego no lo confirmó. Y pasaron casi cinco años. Desde entonces, chispazos, pinceladas de su zurda de terciopelo y su pegada milimétrica. Pero en cuentagotas; demasiadas suplencias, títulos ganados con mínima participación. Hizo una cumbre: goleador de ese Mundial. Y llegó al Real Madrid, otra cima, aunque manejados por Jorge Mendes, el zar de los agentes del mundo, muchos llegaron allí (Fabinho, Cristiano Ronaldo, Pepe, Di María, Fabio Coentrao, Ricardo Carvalho, James, etc.). Justamente eso le faltó a Willington: un Jorge Mendes.

Seriamente, quien triunfó en todos los órdenes fue Radamel. Ningún otro futbolista colombiano llegó tan alto. Brilló en River, una camiseta pesadísima; le siguió un suceso espectacular en Porto, lo confirmó en el Atlético de Madrid y luego, por cuestiones que sólo él y su representante podrán explicar, se bajó de la Fórmula Uno (la liga española) para correr en la Indy (Francia, el Mónaco). Once temporadas en Europa, 376 partidos, 234 goles (0,62 de promedio) convertidos en cuatro de las ligas más grandes. Dos años con 72 anotaciones en Portugal, otros dos con 70 en España. Son números grandes. Estando en el Atlético de Madrid únicamente dos extraterrestres pudieron superarle en la puja por el Pichichi: Messi y Cristiano Ronaldo, en el cénit de ambos. En ese momento, España era lejos el Everest futbolístico, en clubes y en selección.

Seguimos con los 234 goles: trazando un paralelo con un prócer que fue ídolo en España, Kempes, quien también disputó once temporadas allá. Mario señaló 198 goles en 411 juegos en Europa (0,48). Refleja en buena medida la excelente prestación de Radamel.

En 2012, por primera vez un colombiano integró el once ideal de la FIFA. En la gala anual, con esmoquin, posó un cuadro de película: Casillas; Dani Alves, Piqué, Sergio Ramos y Marcelo; Xavi, Xabi Alonso e Iniesta; Messi, Falcao y Ronaldo. El único fuera del Barcelona o del Real Madrid. Esa foto debe entrar en la historia del fútbol colombiano.

Luego, la grave lesión de ligamentos (segunda, la primera fue en River) cuando había tenido otro buen arranque en el Mónaco. Esa rotura maldita y sobre todo inoportuna lo bajó del Mundial por el cual hizo tanto para clasificar, pero además lo alejó del primer plano. Lo recuperó tres años después de vuelta en Mónaco. Campeón de liga en Argentina, Portugal y Francia, coronado en la Europa League con Porto y con Atlético de Madrid siendo en las dos ediciones goleador y figura del torneo.

Y estando sano, siempre titular, salvo su año en el Chelsea. Tampoco fue fijo en el Manchester United; no obstante, redondeó 29 cotejos. Se acerca a los 400 partidos en Europa, ningún compatriota le puede igualar tan altísimo mérito; James reúne más de 300, aunque en un enorme porcentaje de ellos jugó apenas minutos, entrando desde el banco o saliendo en el segundo tiempo.

Su capítulo en Selección no es menos rutilante. Los mejores equipos colombianos que este cronista vio fueron aquel del 5 a 0 de Maturana y el de la Eliminatoria para el 2014 de Pekerman. Este ganaba, goleaba y gustaba. Y en ese contexto, Radamel fue la estrella y el goleador, artífice de victorias brillantes y autor de goles memorables. Brasil debía ser su Mundial, estaba en el pico de su parábola personal. Una desgracia su lesión de rodilla cercana al torneo, le impidió llegar. También con la amarilla en el pecho es el máximo goleador histórico. Gana en todos los frentes, y sin ser un personaje mediático. Al menos no lo busca ni tiene un equipo de prensa detrás promocionándolo.

Cuando se habla del mejor futbolista de la historia de un país caben dos preguntas: ¿quién agrada más? y ¿quién llegó más alto? El periodismo tiene un axioma fantástico: “Los comentarios son libres, los hechos son sagrados”. En fútbol es parecido: el gusto pasa por cada uno, la realidad se apoya en logros. En esto último, nadie se le acerca a Falcao.