El Real Madrid, que el sábado pasado era digno de elogios y reconocimientos por su triunfo ante el Barcelona, dio un giro de 180 grados en su nivel futbolístico, se olvidó de la pelota, de la claridad y terminó derrotado en la ida de los cuartos de final de la Liga de Campeones 2-0, a manos de un valiente y bien parado Wolfsburgo de Alemania.