RONALDO VERSUS RONALDO

Por: Jorge Barraza
Exclusivo para Fútbol Total 

El fútbol mundial tenía un Ronaldo, muy querido, hasta que apareció otro, digamos respetado. Brasileño el primero, con toda la brasileñidad en su persona: distendido, espontáneo, alegre, vagoneta, talentoso, amigo de la noche. Portugués el segundo, bien europeo: estructurado, trabajador, responsable, atlético. Y también individualista, egocéntrico (lo cual no responde a una cultura nacional). Al llegar este último -Cristiano Ronaldo- a los 700 goles en Primera División, contando clubes y selecciones, surgió la comparación.

Me arriesgué a lanzar una encuesta en mi cuenta de Twitter con la siguiente consigna: “Ronaldo el Cristiano hizo 702 goles, una hazaña extraordinaria. Ronaldo el Fenómeno 419. ¿A cuál elegirías para tu equipo si tuvieras que quedarte con uno sólo…?”.

El resultado fue abrumador en favor de Ronaldo Nazario de Lima: sobre 4.120 votos, ganó con el 70%. Era previsible: en calidad, en fantasía, en carisma, en frescura, el brasileño lo roba al portugués. Sin contar su sencillez, su sonrisa humilde, nunca burlona. Son factores muy apreciados por el hincha. El de Madeira prepara hasta los festejos, tiene estudiado para dónde salir corriendo a mostrar sus abdominales o la marca de calzoncillos, ha elaborado una estrategia marketinera de atleta perfecto, sabe que la foto celebrando el gol será portada de los medios y la usufructúa comercialmente.

Ahora bien, en números, CR7 aplasta. El paralelo es válido porque O Fenómeno colgó los botines en Corinthians con 34 años y 5 meses, y Cristiano llegó a su gol 700 con 34 años y 8 meses. Podría decirse que ambas carreras, hasta hoy, son perfectamente medibles. El Gordo, llamado así cariñosamente, jugó 623 partidos, marcó 419 goles y dio 127 asistencias. El divo de Madeira disputó 977 encuentros, anotó 702 veces y asistió 229.  En el mismo lapso, la vida útil de CR7 en el campo es increíblemente superior: 354 encuentros, 283 goles y 102 asistencias más que el brasileño. Y aunque ya no es desequilibrante con su juego, sigue convirtiendo. Tal vez lo haga dos o tres años más. Atención: en la última temporada, Cristiano bajó abruptamente de 53 goles a 31. Pero se cuida y puede aumentar considerablemente sus estadísticas.

Ahora bien, si tomamos las 15 mejores temporadas de ambos, las diferencias son aún mayores. Sumando el PSV (2 años), el Barcelona (1), el Inter (5), el Real Madrid (5) y el Milan (2), el Fenómeno reúne 402 partidos, 273 redes y 72 pases transformados en gol. Cristiano, en 6 años en Manchester United y 9 en el Madrid presenta 730 juegos, 568 tantos y 181 servicios para gol. Cualquier director técnico que analice estos números se inclinaría por el luso.

En títulos también arrasa el europeo. O Gordo puede mostrar 2 ligas con el Madrid (en la segunda con muy pobre participación), 4 copas nacionales (en Brasil, Holanda y España), una Copa UEFA, 2 Copa América para Brasil y, naturalmente, la Copa Mundial de 2002 en la cual tuvo un protagónico con dos goles en la final frente a Alemania (y la inestimable colaboración de Oliver Kahn). CR7 suma 6 ligas, 3 copas del país -dos en Inglaterra, una en España-, 5 Champions, una Eurocopa y una Liga de Naciones. Ser campeón del mundo con Portugal no es una materia exigible.

El público, sin duda, elige al carioca, ha sido un personaje querible y un jugador excepcional, desenfadado, cargado de recursos: técnica magistral, gambeta impredecible en velocidad, genial definidor, magia con la pelota, una devolución de pared exquisita, buen remate. Lo extraño en él era su notable ligereza a pesar de su carrocería, un tren superior demasiado robusto, tipo Lukaku. Sus déficits: carecía completamente de cabezazo, no tenía alma de número uno y lo damnificaron seriamente las lesiones. En este punto cabe un alto: eso de que «Si el Gordo hubiera sido flaco» o «si no se hubiera lesionado» o «si no hubiera trasnochado tanto»… Eso no va. La carrera de un jugador es lo que hizo o logró hacer, lo que tiene para mostrar. De haber tenido más disciplina (algo a lo que él mismo reconoció no ser tan afecto), de haber vivido para cuidarse, con más descanso y sin sobrepeso seguramente hubiese sufrido menos contratiempos físicos.

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“No he visto jugador más intimidante que Ronaldo el Gordo cuando agarraba el balón y arrancaba hacia portería”, sostiene Johanes, tuitero colombiano. Tal cual, desataba el pánico rival. Si uno es neutral, elige al Gordo, para disfrutarlo. En cambio, si se trata de tenerlo en su club toda la carrera tal vez prefiera al rey de los abdominales. Los números retumban: en 15 años de uno y otro, CR7 juega siempre y hace más goles. Que no llevan la belleza del otro, pero al final, como decía Luis Artime, “todos los goles valen uno”.

Ahora, cuidado, cuando se habla de Ronaldo el Fenómeno se cae en el error frecuente de recordar algunos de sus goles maravillosos tras galopadas fantásticas y pensar que fue siempre así. No, señor. En el Inter, sumadas todas sus lesiones y recuperaciones, estuvo más de tres años sin jugar. Y no siempre deslumbraba. Carecía de regularidad. Incluso en el Madrid no fue uuuuuuhhhhh… No estuvo quince años fascinando. Sucede que, cuando pasa el tiempo, la nostalgia agiganta el recuerdo y distorsiona el análisis. Uno tiende a sobredimensionar. Ocurre lo mismo con Ronaldinho. En el alto nivel, haciendo maravillas, Ronnie estuvo tres años, los del Barcelona, todo lo demás fueron pinceladas, malabares sueltos, pequeñas pepitas doradas halladas sobre el césped.

En ese sentido, aunque más mecanizado y menos romántico, lo de Cristiano ha sido infinitamente más parejo y prolongado. Con menos técnica, sin el regate y el encanto de su homónimo, Cristiano ha hecho una carrera impresionante. Que un futbolista pase 9 años en el Real Madrid y se retire con 450 goles, a exactos 50 por estación, es una locura. Sí, hay muchos de penal (114 en toda su trayectoria), también muchos de empujada sobre la raya, de pescador, pero, parafraseando a Roberto Recalt, antiguo presidente de Nacional de Montevideo, “si es tan fácil ¿por qué no los hacen otros…?”

Lo que el portugués le asegura a un equipo, además de sus goles, es un grado de ambición pocas veces visto. Si va ganando 7 a 0 y ve factible convertir otro se manda un pique de cincuenta metros a ver si la empuja. Así falten treinta segundos para el silbato final. Además, es un profesional único. Tiene un gimnasio en su casa, hace crioterapia por su cuenta para reponer los músculos, lleva una dieta científica, descansa lo necesario y entrena lo justo (no se desgasta tontamente dando veinte vueltas a la cancha, él lo reveló). No es necesario pedirle que evite trasnochadas ni motivarlo o incentivarlo para ganar tal partido. Está siempre enchufado, listo para dar lo máximo los 90 minutos y al acecho. Quiere ganarle al Sassuolo o al Liverpool. Es un sicario del gol. Posee el grado de concentración de los grandes atletas de la historia.

Tiene un dominio apenas discreto de balón, pero sí buen control (es difícil ser goleador sin un control importante, porque la bola se va veinte centímetros de más y los defensas rechazan). Fantástica técnica de remate con ambas piernas y óptima rapidez de traslación y de resolución; sensacional en el cabezazo, por anticipo, potencia y dirección. Por sobre todas las cosas, es un artista del desmarque: cuando da un paso a la izquierda es porque saldrá hacia la derecha, y viceversa. Lo hace maquinalmente; eso le permite recibir siempre sólo o con el espacio justo para ejecutar la jugada. Además, un hombre con miedo escénico cero.

Definitivamente Ronaldo Nazario cae más simpático a los ojos, sin embargo tuvo un comportamiento que lo mancha. El Inter lo fichó en una fortuna, lo aguantó tres años lesionado, lo mimó y cuando se recuperó dijo «quiero ser feliz en otro lado». Y se marchó al Real Madrid. Una actitud imperdonable, Figo/Neymaresca. Se mudó de noche de Milán. Ya había tenido una salida poco elegante del Barcelona por una cuestión de dinero. Cristiano, en cambio, le dio seis años impecables al United y nueve inolvidables al Madrid. Exigió todo, también dio todo.

Nos ponen contra la pared para decidirnos por uno u otro. El razonamiento es dual: desde luego preferimos ver los 623 partidos del Gordo y no los 977 de Cristiano, sin embargo nos seduce la idea de garantizarnos los 702 goles de Cristiano y no los 419 del Gordo. Aparte, para ganar ha sido más determinante el portugués. Salvo en el Mundial obtenido por Nazario en 2002 (en 1994 hizo parte de  la nómina pero no jugó un sólo minuto), CR7 fue más decisivo para los éxitos. Por cierto, Cristiano no pudo ser campeón mundial con Portugal, pero sí podía haberlo sido con Brasil. O Fenómeno tampoco hubiera coronado de haber nacido en Madeira. En este nivel, que Cristiano no tenga un título mundial no lo damnifica en el análisis, es anecdótico.

“En magia no hay comparación. Cinco minutos de Nazario valen por toda la carrera de CR7”, afirma rotundamente Eugenio, amigo peruano. Es comprensible, la estética es uno de los valores más apreciados por la especie humana. Son polos completamente opuestos: el espectáculo frente a la eficiencia, la poesía versus el pragmatismo, la naturalidad contra el método. ¿Con cuál nos quedamos…? Cincuenta y cincuenta…