TOTTENHAM-LIVERPOOL: CHAMPIONS SE ESCRIBE EN INGLÉS

Por Jorge Barraza,

No estábamos ahí para verlo, pero la sonrisa Kolynos de Jurgen Klopp debe haber desaparecido en ese histórico minuto 95 y 8 segundos en que Lucas Moura marcó su tercer gol y le dio al Tottenham un heroico pase a la final de la Champions. Al técnico alemán del Liverpool, estamos persuadidos, le hubiese gustado más el Ajax como rival. Más accesible: un conjunto preciosísimo y preciosista, una delicia para los ojos, pero tranquilo, lleno de jóvenes, amante del toque, al que poder aplicarle la fórmula anti-Barcelona: mucho vigor físico, presión para ahogarlo en cada centímetro de pasto, anticipo, ritmo sostenidamente alto y salida rápida en ataque. Contra equipos que hacen del toque una religión, funciona de maravillas si se logra mantener la energía los noventa minutos.

Sin embargo, ocurrió un milagro de esos que se dan cada vez… más seguido en el atractivo fútbol actual: el Tottenham, tres goles abajo, de visitante y con sólo 35 minutos por delante, lo logró con triplete de Lucas Moura, el brasileño que llegó a precio de saldo a fin de enero de 2018: 28 millones de euros. El Paris Saint Germain quería sacárselo de encima y estaba por pasar al Betis, pero apareció un cliente inesperado, el Tottenham, que necesitaba sumar calidad a bajo precio, pues había volcado mayoritariamente sus recursos a construir su nuevo estadio.

A Klopp le hubiese agradado más el Ajax, también, porque Pochettino lo ha enfrentado muchas veces y le conoce el paño.

Liverpool mostró ante el Barcelona una moral de acero, una determinación casi feroz por remontar el 0-3 y lo consiguió con un 4-0 de fábula, poniendo nocáut al equipo de Messi con una mentalidad arrolladora. Ahí se recibió de gran candidato al título. “Al Ajax le gana”, pensaron millones. Pero sucedió lo impensable: veinticuatro horas después, el Tottenham también dio vuelta la serie y ahora es “otra” final.

Tottenham también gusta de jugar prolijamente la pelota, por abajo, y de salir tocando, sin embargo es un equipo más combativo que el Ajax, más incómodo, de mayor envergadura física y con más experiencia. El Tottenham tuvo 12 futbolistas en seis selecciones en el Mundial 2018: Danny Rose, Eric Dier, Harry Kane, Trippier, Dele Alli, Alderweireld, Vertonghen, Lloris, Eriksen, Davinson Sánchez y Son (Moussa Dembele era el restante, pero ya no está en el club). Nueve de ellos alcanzaron las semifinales. No se van a asustar, están curtidos.

Para el 1º de junio en Madrid, el Liverpool podrá recuperar en pleno a su notable tridente de ataque Salah-Firmino-Mané, aunque el Tottenham espera tener en óptimo estado a los muchos lesionados que sufrió en la temporada, por caso Erik Lamela, Eric Dier y, especialmente, Harry Kane, quien hará todos los esfuerzos por llegar a la definición. No se sabe si lo conseguirá, aunque tendrá motivación de sobra. Igualmente, Tottenham puede exhibir, aún sin Kane, un trío importante en la zona de gestación: la inteligencia y exquisita pegada del danés Eriksen, la habilidad en espacios reducidos de Dele Alli y el momento fulgurante de Lucas Moura, un mediapunta de clase y llegada.

La hazaña de los Reds ante el Barsa les ha elevado la autoestima hasta la estratósfera; no menos sucede con el Tottenham, que viene de dos proezas: eliminar al Manchester City y al Ajax, quizás los dos equipos de mejor juego en el mundo. Y a ambos fuera de casa. Están parejos.

Liverpool derrotó al Tottenham en los dos choques por la Premier (ambos 2-1) y le sacó 24 puntos de ventaja, no es un dato menor. De haber doble enfrentamiento, el Liverpool tendría una ligera ventaja por todo lo que significa Anfield, su célebre leonera donde han caído tantos elefantes. Allí, la mística es el jugador número doce. En cambio, a partido único, es mejor para los Spurs, se ahorran el clima infernal en que se verían envueltos.

Todo proyecto futbolístico ambicioso debe comenzar con un gran entrenador, no con un wing izquierdo. Y esa premisa la cumplen Liverpool y Tottenham. Mauricio Pochettino llegó en mayo de 2014 al Tottenham; le recuperó la grandeza peleando en lo más alto en todas las competencias, lo devolvió a jugar Champions y lo guió por primera vez en su historia hasta la final, algo similar a lo de Diego Simeone en el Atlético de Madrid. Tottenham es el único equipo de Europa que no realizó ningún fichaje esta temporada, y es finalista. Ha tenido que hacerlo sin Harry Kane, su estrella y goleador. Altamente meritorio. Poche es un sujeto de campo, sereno, sencillo, que no tiene miedo y sabe transmitirlo.

Klopp está la élite desde hace más tiempo. Carismático, eficiente, positivo, motivador, amante de agregarle táctica al buen fútbol, hombre de tener siempre un plan para contrarrestar presupuestos más altos.
Ninguno de los dos ha ganado títulos en Inglaterra, Pochettino en sus cinco años en el Tottenham y Klopp en los 3 y medio en el Liverpool. Uno de los dos romperá la piñata, y el que lo logre tendrá una estatua en el frente del estadio, seguro.

El epopéyico pase a la final del Liverpool y el Tottenham, corta la hegemonía española y reinstala al fútbol inglés en la cima del mundo: por segunda vez en 64 ediciones dos hijos de la Rubia Albión animarán la final de la Copa de Europa. Los inventores del fútbol tienen otros motivos para sacar pecho: poseen la liga más vista y mejor paga del planeta, su selección de mayores viene de ser cuarta en Rusia 2018 y en juveniles son los actuales campeones mundiales Sub-20 y Sub-17. El Liverpool-Tottenham del 1° de junio en Madrid es un broche dorado a todo ese reflorecimiento.

Liverpool, un poderoso con cinco coronas europeas, lleva 29 años sin ganar una liga, 14 sin una Champions y 13 sin una Copa Inglesa. Tottenham no corona desde 1991. El que gane arregla todo en una tarde. Recupera íntegro su prestigio, su autoestima y la felicidad de sus hinchas en 90 minutos. Los dos tienen agallas y van por toda la gloria en la mejor Copa de Europa de la historia.